Zapatismo y ASMEX PV ante la lucha civilizatoria.

MEXICO CHIAPAS ELECTIONS MARICHUY
Foto de Heriberto Rodríguez. Caracol de Oventik

País Valencià a 1 de febrero de 2019

Tras los éxitos conquistados en la Revolución Mexicana protagonizada por las y los campesinos e indígenas de México en 1910, esta fue traicionada y convertida en la “dictadura perfecta”. De ese proceso surgió el Partido Revolucionario Institucional, el PRI, que gobernó durante más de 72 años. Atrás quedó el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas, quien en 1938 nacionalizó el petróleo, impulsó la reforma agraria, recibió a las y los refugiados republicanos e impulsó el sistema educativo de normales rurales para formar profesores con ideales socialistas.

Tuvimos que esperar, lamentablemente, al 2 de octubre de 1968 para comenzar a ver la caída del PRI. Al calor de las revoluciones culturales del mundo, el gobierno de Díaz Ordaz respondió a las exigencias de libertad del movimiento estudiantil con una brutal represión no vista en ningún otro país: ¡2 de octubre!¡¡No se olvida! Sin embargo, el verdadero golpe popular al PRI ocurrió cuando EZLN se levantó en armas, el 1º de enero de 1994, en el sureste mexicano, en el estado de Chiapas. En ese entonces, el presidente Carlos Salinas de Gortari remataba el proceso de neoliberalización con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, cuya entrada en vigor coincidía con el día escogido por lxs zapatistas para romper su clandestinidad.

Así comenzó otra etapa de la guerra contra el olvido, de la resistencia contra el proyecto neocolonial que no terminó con el proceso de independencia de 1810. Surgió una nueva ruptura radical con el proyecto de imposición occidental en México. El México profundo, de matriz mesoamericana, apostaba a escala nacional por un proyecto alejado del México imaginario cuyo proyecto de modernidad aspiraba a convertir México en un país occidental. Tras días de guerra y después del alto al fuego, el EZLN logró que el estado mexicano con Ernesto Zedillo (PRI) en la presidencia aceptara el inicio de los diálogos de paz.

Los llamados Diálogos de San Andrés representaban la oportunidad para sentar las bases de una transformación del estado-nación homogéneo a un estado plural que reconociera a los pueblos originarios como sujetos de derechos colectivos. El objetivo profundo consistía en transformar las relaciones de los pueblos indígenas, el estado y la sociedad civil. Como bien había acuñado el profesor Pablo González Casanova (nombrado comandante del EZLN en marzo de 2018), el colonialismo interno significaba que, pese a la independencia, los pueblos originarios seguían en una relación colonial, sometidos por las clases mestizas. Es decir, la “pobreza” de los pueblos originarios y afrodescendientes no se debía a características genéticas –tal y como habían definido los indigenistas integracionistas desde los años’50— sino que el sistema capitalista requería de someter a los pueblos campesinos, indígenas y afrodescendientes; discriminarles, excluirles y negarles su propia manera de ser-estar y pensar. El colonialismo interno se fusionó con el colonialismo internacional, de ahí que de alguna manera esta propuesta entronca con la llamada propuesta “decolonial” que parte de reconocer que existe una colonialidad del poder, del saber y del ser que se ha reproducido para el avance del capitalismo hasta nuestros días.

Pese a la sorpresa del gobierno mexicano, se llegó a un primer acuerdo en la mesa 1 sobre Derechos y Cultura Indígenas: en los conocidos como Acuerdos de San Andrés Sakamch’en de los Pobres (ASA) firmados por el EZLN y el gobierno federal. En ellos se reconocían los derechos colectivos de los pueblos indígenas y ello implicaba la necesidad de reformas constitucionales, institucionales, políticas y culturales. Así mismo, se acordaba el reconocimiento de la autonomía entendida como el poder de los pueblos indígenas de gobernarse según sus propios sistemas normativos.

Durante este proceso, el PRI jugó a dos manos: con una, simulando el diálogo, y con la otra, persiguiendo y cercando militarmente a la comandancia zapatista en la selva. Esteban Moctezuma fue el encargado de esta sucia labor, hoy Secretario de Educación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Los ASA nunca fueron cumplidos por los gobiernos federal y estatal, por dicho motivo el EZLN decidió abandonar las mesas de diálogo, exigiendo señales de confianza por parte del gobierno. A pesar de ello, la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) reconvirtió el corazón de los ASA –la autonomía indígena— en una propuesta de reforma constitucional conocida como la Ley COCOPA.

Pese a ello, el fin de la partidocracia priista en el 2000, y la llegada al poder del partido de ultraderecha, el PAN, representó un último intento por parte del EZLN y del CNI (Congreso Nacional Indígena) para conseguir una “señal” de cambio y de voluntad de las instituciones del Estado. Vicente Fox (PAN) entró al poder prometiendo que resolvería el conflicto chiapaneco en 15 minutos. El EZLN exigió para la vuelta al diálogo tres señales: la retirada de bases militares del territorio zapatista, la liberación de presos políticos y la aprobación de la Ley COCOPA. Para convencer al país y al poder legislativo de la necesidad de reconocer los derechos indígenas, el EZLN realizó la conocida Marcha del Color de la Tierra (2001). Un recorrido por territorio mexicano hasta llegar al Congreso de la Nación donde la Comandanta Esther se encargó de realizar el discurso donde explicó que la única manera de protegerles era reconocer la autonomía de los pueblos originarios.

Lejos de escuchar la voz del color de la tierra, el Congreso aprobó una contrarreforma indígena (2001) que ni siquiera llegaba a los mínimos reconocidos en la ley COCOPA y establecía candados para la efectividad de la autodeterminación de los pueblos originarios. Ante la “burla constitucional” el CNI llamó a la construcción de la autonomía por la vía de los hechos.

El zapatismo, decidió replegarse a las montañas y esta vez, sin pedir permiso a nadie, desarrollar la autonomía iniciada desde el ’94 con los llamados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ), donde las autoridades zapatistas organizan su propia justicia, salud, educación, agroecología, cooperativas productivas o medios de comunicación propios. Apostaron por un proyecto donde lo propio, lo local, lo mesoamericano, fuera el centro de su proyecto político pero reiventando modos e instituciones. En el 2003 anunciaron la inauguración de los Caracoles, las casas de las Juntas de Buen Gobierno que aglutinan a varios MAREZ. Adoptando el principio del mandar-obedeciendo, se crea un nivel regional de gobierno autónomo para fortalecer y equilibrar el caminar de la autonomía zapatista en las cinco regiones. Por todo ello, para intelectuales como Federici, Chomsky, Wallerstein, Zibechi y Grosfoguel, nos encontramos ante el movimiento antisistémico más avanzado del planeta.

En el 2005, los y las zapatistas lanzaron la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, en la que hicieron un llamamiento a los movimientos antisistémicos del globo para construir colectivamente otro mundo, abajo y a la izquierda. Y a nivel nacional, proponían –ante las elecciones presidenciales de 2006— La Otra Campaña, como un espacio donde tejer un programa nacional de lucha a través de las miradas y voces plurales de los colectivos, pueblos y organizaciones excluidas por el sistema electoral de partidos y convencidos de construir alternativas abajo y a la izquierda.

La Sexta buscaba responder a dos cuestiones apuntadas por los zapatistas: la imposibilidad de transformar solos el sistema-mundo capitalista y el peligro de convertirse en una isla, en caso de no juntarse con otras luchas. La Otra Campaña se quebró por el terrorismo de estado sufrido por el Frente de los Pueblos en Defensa del Territorio de Atenco (2004). En 2002, Vicente Fox expropió terrenos del pueblo indígena y campesino de San Salvador Atenco con la idea firme de construir el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Sin embargo, reculó debido a la resistencia de las y los pobladores del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco quienes se manifestaron repetidas veces machete en mano. 4 años después, Enrique Peña Nieto (EPN), gobernador del Estado de México en ese entonces, se cobró venganza y envío a reprimir salvajemente a los indígenas de Atenco, mediante golpizas brutales, encierros a dirigentes por años, violaciones sexuales a mujeres y asesinatos.

Las elecciones de 2006 llevaron al poder a Felipe Calderón Hinojosa (PAN), tras un monumental fraude electoral. Para legitimarse, optó la fuerza y declaró entonces el inicio de la “Guerra contra las drogas”. A partir de este momento, México se comenzó a convertir en uno de los lugares más letales del planeta.

El movimiento estudiantil #YoSoy132 generó una campaña de desprestigio contra Enrique Peña Nieto, candidato a las elecciones presidenciales de 2012 por el PRI, por su responsabilidad directa en la represión contra el movimiento social en Atenco (2004). No obstante, el PRI, haciendo uso de ingentes cantidades de dinero, emanadas de la corrupción y del narco, consiguió posicionar a EPN como presidente. Así, el PRI volvió totalmente deslegitimado y durante su mandato grandes escándalos de corrupción, represión, la imposición de políticas neoliberales y la continuación de la “Guerra contra el narcotráfico” dejaron a México bañado en sangre. La investigadora Anabel Hernández, en su libro “Los Señores del Narco”-perfectamente bien documentado-, señaló los fuertes nexos con el Cartel de Sinaloa, evidenciando un auténtico narco-estado. La supuesta “Guerra contra las Drogas” quedaba claro, no es otra cosa que la lucha del Estado mexicano y el Cártel de Sinaloa por el monopolio de la droga, contra otros cárteles muy violentos, como los Zetas, cuyos elementos emanaron del mismo ejército mexicano.

La desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa fue la gota que derramó el vaso. La sociedad mexicana ya no pudo aguantar otro crimen de Estado más, crimen que se sumaba al de Tlataya o San Fernando, pero antes Acteal y otros. La sociedad se cansó del panorama de terror en el que se encuentra el México de abajo y cada vez más, el de más arriba, el de las clases medias. La llegada de AMLO al poder, por la vía electoral, es resultado del grito de ¡Ya basta! de las clases populares. Está claro que mucha gente ve en AMLO al mesías que impulsará la Cuarta Transformación. No obstante, el Congreso Nacional Indígena, el zapatismo y otros movimientos antisistémicos de México y el mundo, como nuestro colectivo Asamblea de Solidaridad con México en el País Valenciano nos sentimos llamados a cuestionar la política desarrollista-extractivista defendida por AMLO.

No creemos que AMLO represente una verdadera transformación porque no ataca la raíz del problema, el modelo capitalista-neoliberal, basado en el extractivismo salvaje, hijo de la modernidad occidental. AMLO propone acabar con la corrupción y de esta manera hacer llegar a millones de pobres, la riqueza que se roban los multimillonarios de México y del extranjero. No creemos que esto sea posible sin acabar con los megaproyectos que está impulsando a golpe de consultas amañadas. Está claro que el proyecto de AMLO representa un viraje necesario ante la política de muerte del PRI-PAN-PRD. Sin embargo, este proyecto, no contempla a los pueblos que plantean otro modelo en la lucha civilizatoria que corre. No se posiciona a favor de los pueblos organizados que están impulsando un modelo soberano, basado en lo propio. En la toma de protesta de AMLO pudimos observar una enorme simulación, pues recibir el bastón de mando de indígenas que sólo se representan a sí mismos, es de una ceguera mayúscula. AMLO se irá en 6 años, pero los pueblos indios seguirán. Llevan más de 526 años peleando por construir otro mundo. Un mundo donde quepan muchos mundos. Ahí seguiremos nosotras también.

Asamblea de Solidaridad con México – País Valencià

ASMEX PV forma parte de la Red Europea de Apoyo al Zapatismo. También sirve de antena sensible de las luchas de abajo y a la izquierda de México en el País Valencià. Junto con el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas organiza en la ciudad de Valencia y alrededores, cursos para formar observadores de derechos humanos que se inserten por periodos de 15 días en Brigadas Civiles de observación. Si te interesa participar en los cursos u organizarte con nosotras, escríbenos a:

asambleasolidaridadconmexico@gmail.com

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