Occidente: Fábrica de terroristas y refugiados

Foto refugiados siria
Damasco, entre enfrentamientos, sin electricidad ni comida. Atalayar.com

Carlos Soledad*

Parte de la propaganda de guerra consiste en descontextualizar los hechos para crear enemigos a medida. En Occidente, tras los últimos atentados terroristas en París y Bruselas, los medios de información y los tertulianos afines al poder repiten sin descanso, la necesidad de reforzar las fronteras y de luchar contra el terrorismo islámico. Es preciso, para evitar malas interpretaciones, comenzar, repudiando cualquier tipo de violencia, venga de donde venga. Sin embargo, no podemos condenar estos atentados y exigir una decidida lucha contra el terrorismo, sin ser conscientes del papel que hemos jugado en su auge, así como, en la producción de migrantes y refugiados de guerra.

La responsabilidad de Occidente ante los ataques terroristas se remonta hasta 1978. Tras la Revolución de Saur, en Afganistán, llegó al poder un gobierno de corte marxista, que estableció la República Democrática de Afganistán. El nuevo gobierno nacionalizó sectores estratégicos de la economía, realizó una profunda reforma agraria, formando cooperativas, expropiando tierras y distribuyéndolas. También inició un basto programa de reformas que eliminó la usura, promovió la alfabetización, eliminó el cultivo de opio, legalizó los sindicatos y estableció una ley de salario mínimo que rebajó los precios de artículos de primera necesidad.

Desde el principio, la República Democrática tuvo conflictos con los integristas locales, los muyahidines. Éstos fueron entrenados, armados, pertrechados y financiados por EEUU a través de agentes de la CIA y la dictadura pakistaní para llevar a cabo una guerra de guerrillas y atentados terroristas contra el gobierno, finalmente derrocado. Los muyahidines con el tiempo se convirtieron en los talibanes que en 2001 atentaron en las Torres Gemelas de Nueva York, pretexto que utilizaron los expresidentes George W. Bush y Tony Blair para promover su famosa “guerra contra el terror”.

Tras la ocupación de Irak por las tropas americanas, británicas y españolas (hasta 2004) se desencadenó la creación de grupos de resistencia armada. Uno de ellos, fue la autodenominada organización de base yihadista, conocida por la prensa como Al Qaeda en Irak. La cual, posteriormente se unió a otros grupos, primero con el nombre de Consejo de Muyahidines y después, en 2006, como ‘Estado Islámico’ (EI) de Irak.

EEUU reorganizó las fuerzas armadas iraquíes, introduciendo milicias sectarias. Así surgieron los ‘escuadrones de la muerte’ que desaparecieron y encerraron a miles de combatientes en cárceles secretas donde sufrían torturas diarias. Como resultado, alrededor de cinco millones de iraquíes se convirtieron en refugiados, dos millones y medio se instalaron en Siria. Abu Baker Al Bagdadi, quien se convertiría en líder del EI de Irak, fue apresado por los americanos en 2004, cuando la población de su ciudad, Faluya, fue duramente atacada con fósforo blanco, un armamento letal que abrasa la piel de sus víctimas.

Más tarde, en 2011, en un Irak totalmente roto, irrumpió al calor de las primaveras árabes, un movimiento pacífico que fue fuertemente reprimido por el gobierno de Al Maliki. Murieron cientos de personas y miles fueron encarceladas. La represión desatada, llevó al extremismo a algunos sectores de la oposición y el EI de Irak envió una delegación a Siria, donde las revueltas también fueron aplastadas por Bashar al Assad. Tres años después, fue proclamado el Califato del Estado Islámico de Irak y Siria. También conocido como ISIS (Islamic State of Irak and Siria) y como DAESH (al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham), nombre promovido por las potencias occidentales, ya que su fonética en árabe recuerda a “algo que pisotear o aplastar”.

Obama prometió acabar con el DAESH, y para el 8 de septiembre de 2014 el New York Times, señalaba que la coalición contra el Estado Islámico sumaba ya 40 países, entre los que figuran: Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Australia, Dinamarca, Canadá, Polonia y Turquía (goo.gl/MKKwLV). El último en sumarse a la guerra contra el EI fue Rusia, quien además interviene del lado del presidente sirio, Bashar al Assad (http://goo.gl/0XELEq).
Tras los atentados de París, el primer ministro galo, Manuel Valls, prometió que Francia daría una respuesta “al mismo nivel que estos ataques”…”Responderemos golpe a golpe para destruir al Estado Islámico y a ese ejército terrorista”. Por su parte, el presidente Hollande, llamó a cerrar filas y sentenció que respondería de forma “despiadada” contra los terroristas ante lo que denominó un “Acto de guerra”. Tres días después, Francia respondió con un bombardeo masivo, sobre la ciudad de Raqqa, bastión del EI en Siria. Llevaba ya un año bombardeando en Irak, bajo el nombre de “Operación Chammal” con caza-bombarderos y 700 efectivos. En octubre de 2015, un mes antes de los atentados, bombardeó Siria por primera vez (goo.gl/Am6wTL).

La Unión Europea, quién recibió de forma muy cuestionada el Premio Nobel de la Paz, 2012, ya no puede maquillarse más, “la Europa defensora de los derechos humanos”, señala Boaventura de Sousa “es un mito romántico (goo.gl/ofBe0W). La recién política de expulsión masiva de refugiados, en lo que se ha denominado el acuerdo de la vergüenza entre la Unión Europea y Turquía, no es otra cosa que continuar la guerra por otros medios. Lamentablemente, actos como los de París y Bruselas ocurren diariamente en Medio Oriente, pero parece que sólo nos acordamos de éstos cuando ocurren en nuestros territorios o vemos escalofriantes imágenes en nuestras pantallas.

* carlossoledad@gmail.com

@CarlosSoledadM

Vuelos de la vergüenza de España a México.

FOTO JUANGA BICI
Juan Gabriel de la Rosa trabajando en Castellana, Madrid.

#freejuanga

Carlos Soledad.

Juan Gabriel, mexicano de nacimiento, había cortado con su novia. Sin trabajo y sin nada mejor que hacer, decidió cambiar de aires, quiso probar suerte en España. Esta le sonrió temporalmente y al mes de su llegada, ya tenía casa, empleo y novia. Como muchos otros migrantes se quedó, hizo vida. Creó un sólido grupo de amigas y amigos y se desarrolló laboralmente en el mundo de los bici-mensajeros.

Ocho años después, el pasado 18 de febrero, perfectamente integrado en Madrid, cometió una imprudencia que le costó muy cara, se saltó un semáforo en rojo circulando en su bicicleta. Dos agentes de policía le pidieron su documentación y al percatarse de que no la tenía en regla, que era un “sin papeles”, aprovecharon la oportunidad para “expulsarlo en caliente”. Opción que brinda la nueva “Ley de Seguridad Ciudadana” o “Ley Mordaza” aprobada por el partido conservador en el gobierno, el Partido Popular.

En menos de 72 horas, la vida de Juan Gabriel cambió radicalmente. Lo retuvieron en la comisaría de Aluche y lo forzaron a subir esposado a un vuelo comercial de Iberia con destino al Aeropuerto de la Ciudad de México. Como Juan Gabriel, todos los días miles de personas migran no sólo buscando cambiar de aires, también huyen de guerras, de la miseria, de la intolerancia, de la persecución,…

¡Suéltenme! ¡Abusadores, abusadores! Grita en un vídeo difundido por el diario El País, un inmigrante dominicano mientras le inmovilizan y golpean agentes del Cuerpo Nacional de Policía (goo.gl/L3slIQ). Los vuelos de deportación o vuelos de la vergüenza como los llaman las organizaciones sociales españolas, son vuelos amparados legalmente mediante el siniestro protocolo de repatriaciones.

A esta práctica, se unen otros mecanismos represivos como la extranjerización permanente, es decir, no tienes derecho a una casa, a que tus hijas vayan a la escuela, al médico, a caminar. Otro es el encierro en los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), macabros espacios, famosos por la sistemática violación a los derechos humanos. Finalmente, las redadas racistas, dispositivos prohibidos por las Naciones Unidas, utilizados para llenar vuelos de deportación.

En España, debido al carácter policial de los vuelos, la única institución capacitada para difundir cifras es el Defensor del Pueblo. En su informe, Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (2015), señala que el Ministerio del Interior fletó en 2014 en solitario o en conjunto con la Agencia Europea para el Control de la Frontera Exterior (FRONTEX), un total de 134 vuelos en los que deportó a 3,373 inmigrantes. En total, el Ministerio del Interior ha expulsado de España a 9,410 personas en 257 vuelos internacionales entre enero de 2010 y octubre de 2014.

Las expulsiones forzosas son un negocio muy rentable. El gobierno de España adjudicó desde noviembre de 2012 a la unión de las aerolíneas Air Europa y Swift Air jugosos contratos para la realización de vuelos de deportación masiva. En total, la empresa del grupo Globalia ha suscrito contratos que ascienden a más de 62 millones de euros. Recientemente, otra unión formada por Viajes Barceló y Air Nostrum (franquicia valenciana de Iberia) ha pujado con una oferta mucho más competitiva. Se trata, de expulsar a la mayor cantidad posible de gente al mínimo coste, con las fuertes implicaciones que supone para los derechos humanos.

Las amigas y amigos de Juan Gabriel en España intentaron detener la deportación. La denunciaron por redes sociales para movilizar a los pasajeros, de hecho el vuelo se retrasó. Una mujer preguntó al piloto sobre la situación y sobre si su código de conducta le permitía volar con una persona esposada y en contra de su voluntad. El piloto se limitó a responder que trabajaba para una empresa privada y que no podía hacer nada. También presentaron firmas y un pre-contrato laboral ante el cónsul de México en Madrid para solicitar su intercesión. Éste les indicó que no podía hacer nada y que la única solución era que se casara. Hoy, Juan Gabriel, intenta recomponerse en casa de sus familiares en Ecatepec con la cabeza y el corazón puestos en Madrid.

A pesar de que, nosotras las mexicanas y mexicanos hemos normalizado las prácticas y los discursos de los Estados Unidos y del Estado Mexicano sobre las deportaciones forzosas, no deja de ser un deber denunciar y luchar contra estas leyes obscenas. Aunque son pocas en comparación, las deportaciones forzosas desde el Estado Español a México no dejan de ser lamentables. Para que los vuelos de la vergüenza funcionen, es necesaria la colaboración del Estado Mexicano y el interés lucrativo de las aerolíneas. No obstante, existen precedentes en la paralización de deportaciones gracias al apoyo de activistas y abogados comprometidos. Migrar es un derecho y ante los ojos del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, los vuelos de deportación son inaceptables.

quién es Juanga